martes, 10 de mayo de 2016

PARA QUEDAR BIEN


Créanlo o no, yo estaba convencido que la palabra era “cercionar”, lo primero que hice fue corregirme y pronunciar y escribir varias veces “cerciorar”.
Después vinieron los demás cambios.
Dejé de usar jeans sucios y rotos y comencé a usar pantalones de vestir y zapatos.
Me corté el cabello y me emprolijé la barba.
Dejé de fumar y dejé de beber.
Y todo esto, para quedar bien con Guillermo
Desde hace un tiempo lo único que ocupa mis pensamientos, y la mayoría de mis conductas, es quedar bien con Guillermo.
No recuerdo exactamente como empezó esta obsesión abrumadora. No importa lo que yo esté haciendo, lo que esté deseando o lo que sueñe, haga lo que haga todo está atravesado por esta directriz urgente e imperiosa: “Tengo que quedar bien con Guillermo”.

Y para quedar bien con Guillermo, lo primero que hice, además de los cuidados básicos en mi apariencia, fue dejar de escuchar música simple como el rock de los Rolling Stones o el reggae de Peter Tosh. Ahora mismo no puedo entender como un tema tan rudimentario como “Happy” me ponía de tan buen humor o una canción como, digamos, “Fool to Cry” me sumía en una melancolía difusa e idiota. ¿Cómo es que yo podía estar horas escuchando la cadencia imbécil de un reggae? Pero mi decisión ha cortado con todo ese chapotear en la ignorancia, porque para quedar bien con Guillermo comencé a escuchar, al principio con esfuerzo y después con un placer indecible, a pianistas como Alfred Brendel, Sergei Rachmaninov o Emil Gílels.
De todas formas yo sabía que tendría que hacer mucho más para lograr el aprecio de Guillermo. Dejé también de leer de forma desordenada y aleatoria. Dejé de leer libros superficiales que nada dejaban en mi espíritu y comencé una lectura metódica y fructífera que incluyó a grandes escritores de la talla de Maxim Gorki, Aleksandr Pushkin o León Tolstoi. Alguien podría advertir que menciono solo escritores rusos. Eso tiene una explicación lógica, a raíz del método que me impuse, decidí hacer lecturas cronológicas teniendo en cuenta las influencias de cada autor. Ya había pasado por los alemanes desde Walther von der Vogelweide hasta Bertolt Bretch, y por los franceses comenzando con Rabelais (y no terminándolo) y entreteniéndome con Antonín Artaud y, por supuesto, los paraguayos desde Juán Crisostomo Centurión y Arturo Roa Bastos hasta Santiago Montiel y Nicolás Granada.
Pero todo esto no era suficiente para presentarme frente a Guillermo y que, además, éste al verme se le iluminara el rostro como quien abraza a un colega o un amigo. No, claro que no, debía esforzarme muchísimo más. Y por eso mismo dejé de reunirme con mis amigos los sábados por la tarde para ir a jugar al fútbol, ese juego de mamertos que corren detrás de una esfera sin ton ni son. Las clases de esgrima afinaron mis reflejos y estilizaron mis movimientos. Además, el entorno cultural de la esgrima distaba mucho de los eructos ensordecedores producidos por la ingesta de cervezas después de los partidos que entusiasmaban tanto a mis ex amigos.
¿Cómo es que yo quedaba extasiado ante los colores primarios de la cultura pop y no había abierto los ojos a la verdadera belleza? Pieter Brueghel, Evelyn De Morgan, Johannes Vermeer... ¡¡ahí está la belleza!! y por supuesto que también en los lienzos de El Bosco, Salvador Dalí y Vincent Van Gogh...
Me dedicaba todo el día a cultivarme. Utilizaba los cinco sentidos en transformar toda mi cultura y mi forma de ver al mundo y al producto de los hombres de una forma elevada e hipersensible y, a la vez, crítica y objetiva. Porque solo así quedaría bien con Guillermo y me ganaría su atención y, quizás, su estima y respeto.
Me pasaba los días en las bibliotecas, sentado ante los libros abiertos y tomando notas. He llenado cuarenta y tres cuadernos de tapa dura con todas las hojas ocupadas por una caligrafía pequeña y apretada y, sin embargo, legible. Me sumergí en enciclopedias y en atlas, revisé anuarios y biografías, agoté las novelas históricas y los ensayos.

Entonces fui más allá. Porque siempre hay que superar lo que uno toma como sus límites. Jamás hay que quedarse inmóvil y decir “yo soy así”. ¡No! Claro que no. Hay que expandir el conocimiento y las formas. Y yo fui capaz, luchando contra todo lo aprendido de transformarme en otro hombre.
Y entonces, para quedar bien con Guillermo, dejé de escupir desde la ventanilla de los taxis y también dejé de hacerlo mientras caminaba.
Dejé de sonarme la nariz soplando primero con un orificio tapado por un dedo y después con el otro. Dejé, en el mismo orden de cosas, de hacer bolitas con los mocos semisólidos y pegarlas debajo de escritorios ajenos o en la parte posterior de las butacas de los cines.
Dejé de beber hasta el límite del vómito y la conciencia.
Dejé de llenarme la boca con comida y de ayudarme con los dedos para que entre más.
Comencé con el hábito de lavarme las manos después de mear.
Dejé de improvisar horcas en los parques y de usarlas con gatos callejeros.
Deje de comer chicles con la boca abierta, y un poco después, dejé de comer chicles.
Deje de ir a las puertas de los colegios para mirarles las piernas a las chicas que salían de clases. Dejé de insultar aun cuando tuviese motivos para hacerlo.
Dejé de tirarme pedos en los ascensores, y un poco después, dejé de tirármelos en cualquier circunstancia. Y dejé de rascarme los testículos para, acto seguido, olerme los dedos.
Dejé de sacarme cera de los oídos con cualquier objeto propicio para ello, como fósforos, escarbadientes o rollitos de papel.
Comencé a bañarme, al menos, día por medio y no, como antes, que lo hacía solo los sábados por la tarde. Y más aun, dejé de oler la ropa interior que me sacaba antes de colocarme bajo la ducha.
También dejé de hacerles zancadillas a los ciegos y de patearles el bastón a los ancianos.
Me transformé y renací. O quizás morí y me reinventé.
Pero todo fue inútil, Guillermo es frío y distante conmigo.

Nada de lo que yo haga conmueve a éste tipo.

3 comentarios:

  1. ¡¡¡ HOLA...Resulta que me lo encontre a Guillermo y me dijo "que cambiado que esta german", "mandale un abrazo de mi parte",,,

    ResponderEliminar
  2. Si de algo puedo estar segura es de que Guillermo esta totalmente asombrado y conmovido por el cambio de German solo que nunca lo dirá por no es lo que se dice un hombre expresivo ni comunicativo como para llegar a entender lo que pasa por su mente... Me lo cruce un día en el parque y sigue siendo ese hombre solitario al que todos conocemos ...

    ResponderEliminar
  3. Qué envidia, Germán. Cambiaste a un ritmo imposible de seguir.

    (Grande.)

    ResponderEliminar

Aquí me puedes dejar tu saludo, un comentario o una crítica feroz: